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Lo que revela el libro 2025 sobre la enfermedad renal crónica, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus en Colombia

Cuando hablamos de enfermedad renal crónica, es frecuente pensar primero en la diálisis o el trasplante. Sin embargo, la trayectoria de la enfermedad comienza mucho antes: con la identificación de los factores de riesgo, el diagnóstico oportuno de la hipertensión arterial y la diabetes mellitus, la evaluación de la función renal y la continuidad del seguimiento.

Esa mirada integral orienta el libro de la Situación de la enfermedad renal crónica, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus en Colombia 2025, publicado por la Cuenta de Alto Costo. La investigación analiza la información reportada durante el periodo comprendido entre el 1.º de julio de 2024 y el 30 de junio de 2025.

Más que presentar un inventario de casos, el informe permite comprender la relación entre estas condiciones, observar su comportamiento y reconocer oportunidades para fortalecer la gestión del riesgo renal en Colombia.

Más de siete millones de personas bajo observación

El documento presenta información de 7.074.181 personas atendidas en el sistema de salud colombiano con al menos un diagnóstico de hipertensión arterial, diabetes mellitus o enfermedad renal crónica.

En esta población se informaron:

  • 6.703.467 personas con hipertensión arterial.
  • 2.541.648 con diabetes mellitus.
  • 1.502.681 con enfermedad renal crónica.

Estas condiciones pueden coexistir en una misma persona. Uno de los principales aportes del libro es mostrar que forman un continuo de riesgo cardiometabólico y renal.

La hipertensión arterial y la diabetes mellitus están entre las principales condiciones asociadas con el desarrollo y la progresión de la enfermedad renal crónica. Por eso, proteger la salud renal implica detectarlas, controlarlas y hacer seguimiento antes de que se presente un deterioro avanzado de la función renal.

Una carga creciente que requiere una lectura cuidadosa

Durante el periodo 2025 se informaron 289.987 casos nuevos administrativos de enfermedad renal crónica, un incremento del 2,94 % frente a 2024.

En total, se reportaron 1.502.681 personas con esta condición, lo que representó un aumento del 20,03 % frente al periodo anterior. La prevalencia cruda alcanzó 2,84 casos por cada 100 habitantes.

Este crecimiento no tiene una única explicación. El libro plantea que debe analizarse considerando, entre otros elementos, el envejecimiento poblacional, la supervivencia de las personas, el comportamiento de las enfermedades precursoras, la capacidad de identificación y reporte y la maduración del registro.

Por lo tanto, el aumento de la prevalencia no significa necesariamente que todos los casos hayan aparecido durante el último año. También puede reflejar una mejor identificación de las personas que ya vivían con la enfermedad y una mayor acumulación de casos en el tiempo.

Esta precisión es fundamental: la cifra no habla sola. Necesita contexto para convertirse en evidencia útil.

Una nueva línea de base para clasificar la enfermedad

La edición 2025 incorpora un cambio metodológico relevante: la utilización de la ecuación CKD-EPI 2021 para estimar la tasa de filtración glomerular y clasificar la enfermedad renal crónica en la población adulta.

Hasta 2024, el informe utilizaba la ecuación de Cockcroft-Gault. La adopción de CKD-EPI 2021 responde a la actualización del consenso de nefroprotección y a las recomendaciones más recientes para la evaluación de la función renal.

La adopción de CKD-EPI 2021 puede modificar el estadio asignado a una persona y, con ello, la estratificación del riesgo y la intensidad del seguimiento requerido.

La comparación entre las dos ecuaciones mostró reclasificaciones clínicamente relevantes. Las principales diferencias se concentraron entre los estadios 2 y 3, con 309.723 personas reclasificadas. Además, 34.739 personas ubicadas anteriormente en los estadios 1 o 2 fueron reclasificadas a los estadios 3, 4 o 5 mediante CKD-EPI 2021.

Por esta razón, los resultados de 2025 constituyen una nueva línea de base. Las comparaciones con periodos anteriores deben considerar el cambio metodológico para evitar conclusiones imprecisas.

Clasificar también es cuidar

Uno de los hallazgos que merece especial atención está relacionado con la disponibilidad de información para establecer el estadio de la enfermedad.

El 64,93 % de las personas reportadas con enfermedad renal crónica —975.763 casos— contó con seguimiento de creatinina durante el periodo, lo que permitió estimar la tasa de filtración glomerular y determinar su estadio.

Ampliar la disponibilidad de esta información fortalecerá la estratificación del riesgo, la definición de la frecuencia del seguimiento y la identificación de las personas que podrían requerir intervenciones más intensivas.

Al mismo tiempo, la mayor concentración de los casos clasificados se encontró en los estadios 1 a 3. Esto representa una oportunidad: en las fases tempranas todavía es posible implementar intervenciones dirigidas a modificar el curso de la enfermedad y reducir el riesgo de progresión.

La detección temprana abre una ventana de oportunidad para actuar.

La evaluación renal integral todavía puede fortalecerse

El libro también analiza los indicadores de nefroprotección en la población adulta sin diálisis ni trasplante.

Durante el último año:

  • La medición de creatinina alcanzó el 57,54 %.
  • La relación albuminuria/creatinuria —RAC— se midió en el 44,79 %.
  • La medición conjunta de la RAC y la tasa de filtración glomerular estimada se realizó en el 41,28 %.

La evaluación conjunta es especialmente importante. Mientras la tasa de filtración glomerular permite estimar la función renal, la RAC ayuda a identificar daño renal y a valorar de manera más completa el riesgo de progresión y de eventos cardiovasculares.

También se observaron diferencias entre los regímenes del aseguramiento. La medición conjunta alcanzó el 47,94 % en el régimen contributivo y el 30,54 % en el subsidiado.

Estas cifras muestran una oportunidad para fortalecer el acceso a las pruebas, la continuidad del seguimiento y la evaluación integral de las personas con mayor riesgo.

Entre quienes contaron con información comparable en 2024 y 2025, el 79,13 % no presentó una pérdida acelerada de la función renal. Aunque es un resultado favorable, debe interpretarse con cautela: el indicador solo pudo calcularse en el 36,16 % de los casos informados durante ambos periodos.

Una vez más, el contexto es indispensable para interpretar adecuadamente el resultado.

Cuando la enfermedad llega a fases avanzadas

En 2025 se analizaron 54.594 personas con algún tipo de terapia de reemplazo renal:

  • 31.934 estaban en hemodiálisis.
  • 10.290 en diálisis peritoneal.
  • 9.904 tenían trasplante renal.
  • 2.466 recibían tratamiento médico no dialítico.

La hemodiálisis continuó siendo la modalidad más frecuente y representó el 58,49 % de la población en terapia de reemplazo renal.

El documento también identifica resultados favorables en diferentes indicadores de adecuación de la diálisis y del control de parámetros bioquímicos. Sin embargo, persisten oportunidades de mejora.

Una de ellas es el tipo de acceso vascular utilizado en hemodiálisis. En 2025, el 30,62 % de los adultos prevalentes utilizó un catéter, mientras que la meta poblacional establecida para el indicador era inferior al 10 %.

El resultado fue del 34,59 % en el régimen subsidiado y del 27,59 % en el contributivo. Aunque el catéter puede ser necesario en determinadas circunstancias, su uso prolongado se asocia con mayores riesgos de infección, hospitalización y otras complicaciones.

El hallazgo refuerza la importancia de la planeación oportuna del acceso vascular y de la continuidad del cuidado antes y durante la terapia dialítica.

De los datos a las decisiones

Los resultados del informe muestran avances, capacidades instaladas y oportunidades que todavía deben abordarse.

Colombia cuenta con información poblacional que permite caracterizar la magnitud de la enfermedad renal crónica y sus precursoras, evaluar resultados y reconocer diferencias entre poblaciones, territorios y regímenes del aseguramiento.

Pero disponer de información no es el punto final. El verdadero valor de los datos aparece cuando estos permiten:

  • Detectar oportunamente.
  • Clasificar el riesgo.
  • Intervenir antes de las fases avanzadas.
  • Garantizar la continuidad del seguimiento.
  • Evaluar los resultados.
  • Reducir las brechas en la atención.

La salud renal no comienza en una unidad de diálisis. Empieza mucho antes: con la prevención, la atención primaria, las mediciones oportunas, el control de los factores de riesgo y la capacidad de acompañar a cada persona durante toda su trayectoria de atención.

Detrás de cada cifra hay una persona. Y detrás de cada brecha existe una oportunidad para mejorar.

Consulte el libro completo de la Situación de la enfermedad renal crónica, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus en Colombia 2025 en el Portal de Conocimiento de la Cuenta de Alto Costo: cuentadealtocosto.org.

Cuenta de Alto Costo
24 agosto 2026

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